miércoles, 15 de marzo de 2017

Las clases en Teatro El Ojo


La inscripción consiste en una entrevista personal con el profesor. Luis Agustoni pregunta por las circunstancias generales y las experiencias previas de la persona con el teatro; al mismo tiempo observa las condiciones actorales; todas las personas humanas están diseñadas para lo que llamamos actuación, la manifestación exterior de acciones, comportamientos, experiencias, conductas, emociones y rasgos personales, en el contexto de la ficción en un escenario o ante una cámara, a través del cuerpo y la palabra. Pero, por obvio que resulte, la persona tiene que poder moverse en un escenario visible, su voz tiene que sonar audible y convincente, sus palabras deben ser entendidas, su comprensión del personaje y la historia que está creando debe ser inteligente, su identificación con lo que se supone que le está pasando debe ser sensible y emocional, el ánimo tiene que ser firme y un poco de humor nunca viene mal. A partir de este conocimiento el profesor puede intuir si es posible un buen trabajo en común, y en cuál de los grupos la persona llevará adelante provechosamente su desarrollo actoral, y se sentirá mejor. Por parte del entrevistado, cotejará al profesor que ve y escucha con lo que le contaron, lo comparará con los otros que está probando, observará el lugar, percibirá el clima, y lo más importante, captará si tiene delante un futuro maestro en quien confiar, una guía artística beneficiosa para concretar sus necesidades creadoras y una persona propicia para el intercambio humano. La entrevista es un momento importantísimo de la inclusión en el teatro, si funciona bien es en ella donde nace el vínculo de confianza, suele quedar grabada en la memoria, y como el proceso artístico es predominantemente intuitivo y emocional, tiene un margen de error que creemos bastante bajo.

“Si no estoy actuando, no puedo respirar” Laurence Olivier (gran actor inglés del siglo XX)

En el Estudio es habitual preguntar en la primera entrevista qué quiere realmente la persona que desea ingresar e integrarse a un grupo del taller. Aunque la respuesta parece obvia, adquirir un oficio, desempeñarlo como profesional y vivir de él, no es ni la única ni la predominante, se puede querer muchas cosas distintas, por ejemplo: complementar una profesión u ocupación ya establecida con una actividad artística más enriquecedora en lo personal, soltarse expresiva y emocionalmente, superar los momentos vacíos o difíciles, establecer vínculos amistosos y personales, conocer por dentro un arte fascinante, abrir áreas de experiencia, o cumplir con la famosa “asignatura pendiente”. Son todos propósitos legítimos y conducentes en la medida en que se deseen con fuerza y se sostengan con perseverancia, e impulsen a hacer bien el trabajo y cumplir con los compañeros. En ese caso, fatalmente el teatro te atrapará. Cuando el deseo personal o colectivo se deshilacha o se nubla, entonces lo que te espera es esa reunión insufrible donde al final un sabio dice “acá lo que hace falta es compromiso”, todos asienten solemnemente, y lo único que queda por hacer es irse a tomar una birra y ver una peli.

Ingmar Bergman (el gran director del siglo XX). “En realidad, yo me acerqué al teatro para conocer chicas”.

Laurence Olivier: (Gran actor del pasado.) “En el fondo, cuando empecé, lo único que quería era exhibirme.” 

Y los dos quedaron atrapados.

Una vez que se ingresó en El Ojo, en todas las clases, dirigidas por Luis Agustoni, y sea cual sea el grupo en el que se participa, desde los principiantes a los actores ya formados, se adquiere, entrena y practica el arte de la actuación. Ese gran esfuerzo, tenga uno el talento que tenga, para poder moverse con facilidad y expresividad, con equilibrio, coordinación, armonía y ritmo, para accionar en el espacio y con los objetos con precisión, para depurar la emisión del sonido, clarificar la dicción, caracterizar el habla, actuar con verosimilitud y naturalidad, desarrollar la personificación y la versatilidad, el humor, la creación de estados físicos y anímicos, analizar y organizar un texto, y también estudiárselo, poder improvisar, y sobre todo adaptarse a las personas con quienes se actúa e intercambiar pensamientos y emociones con ellas; aprender a ensayar, corregir, probar y buscar, acertar con las intensidades y los estilos, desarrollar la conducta actoral en el escenario y fuera de él, superar el miedo escénico y sobrevivir al vaivén del éxito y el fracaso. Con gran esfuerzo y no pocas limitaciones y dificultades eso es lo que tratamos de enseñar.

Stanislavski: “No hay papeles chicos. Hay actores chicos”. ¡Pero él siempre se agarraba el protagónico!

Los métodos de enseñanza en el Teatro El Ojo son muy variados. El más frecuentado es el más antiguo, lo practicaba ya el hombre preshistórico, la imitación: el profesor te muestra una técnica para obtener un resultado, y vos la aplicás en el entrenamiento todas las veces necesarias para que queda aprendida; el otro la inducción, el profesor te asigna una escena para que hagas y antes de orientarte y asistirte espera a ver cómo tus fuerzas artísticas naturales te ayudan a resolverla, después la instrucción, explica, fundamenta, informa, hasta que te arden los oídos y se te ahuma el cerebro, también la inspiración, cuenta historias ilustrativas y aleccionadoras, todo el tiempo la energía grupal, a través de la colaboración y el buen ánimo de los compañeros, que junto con el entusiasmo, el ingenio y el humor todo lo convierten en placentero, por último la creación, todas las actividades confluyen en la presentación periódica de buenos espectáculos que incluyen tus inolvidables actuaciones en ellos. Para los ratos de tedio tenemos pausas de café y a veces algún bocado, y el hambre de la última hora se neutraliza con las estupendas pizzerías que hay por la zona.

"Un viaje de mil leguas comienza por un paso" Lao Tsé – (Tao Te King, libro sabio)

Luis Agustoni

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